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ALIADOS

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Nosotras, activistas por la salud de las mujeres, reunidas en República Dominicana provenientes de 40 países de África, Asia, Europa, Caribe, América Latina y Estados Unidos,   somos conscientes que vivimos en sociedades de mercado, con una concepción capitalista del desarrollo, que concentra la riqueza en pocas manos y naturaliza las desigualdades cada vez mayores dejando por fuera a más del 90% de la humanidad.  Más allá de que haya países que procuran cambiar,  el modelo dominante  genera violencia, injusticia y destrucción medioambiental, porque está atravesado por el patriarcado.

 

La salud, en tanto estado de bienestar físico, psicológico, social y cultural, debe ser un derecho humano integral, intervinculado a las otras dimensiones de los derechos. Y no estar supeditado a políticas públicas que han servido para la privatización, la regulación empresarial y la protección de la industria farmacéutica, industria armamentista,  el aumento de procedimientos médicos al servicio del mercado, la medicalización de los cuerpos, y la encarnización de los tratamientos. Al mismo tiempo que se restringe el acceso al agua potable, el saneamiento, la alimentación,  la disponibilidad de medicamentos, el acceso y la cobertura de atención en salud en todos los niveles y para todas las personas. Por lo tanto, el derecho humano a la salud se ha convertido en un lujo inalcanzable para la mayoría de nosotras, generando condiciones que nos sentencian a la enfermedad y la muerte.

 

La política vinculada a la religión, al narcotráfico y a los intereses financieros de las empresas multinacionales ha debilitado y subordinado a los Estados y gobiernos a estos intereses. Y ha incrementado la cultura del consumismo, el desempleo, la precariedad laboral, el trabajo infantil, la explotación de los seres humanos, incluida la explotación sexual de niñas, niños, adolescentes y mujeres, y el agotamiento de los recursos naturales.

 

Todas las formas de fundamentalismos, incluido el religioso, son expresiones dogmáticas cuyo objetivo es imponer un pensamiento único como verdad incuestionable sobre el orden social y la moral sexual cuyo fin es el control del cuerpo y de las decisiones de las mujeres en todos los campos de la vida. Son una perpetuación del patriarcado que obstaculiza cualquier posibilidad de avance en los derechos de las mujeres, impidiendo la autonomía y la libertad, particularmente en las decisiones sobre la vida sexual y reproductiva. La defensa de los Estados laicos es, por lo tanto,  una condición fundamental para avanzar en el reconocimiento y el respeto de los derechos de las mujeres, de todas las edades, culturas y condiciones. 

 

Los estereotipos de género, la división sexual del trabajo, las tareas no remuneradas de cuidado depositadas sobre los hombros de las mujeres, las brechas salariales, las maternidades impuestas, los casamientos forzados, la mutilación genital femenina, la persecución por orientación sexual  e identidad de género, la violencia sexual y de género, la criminalización de las trabajadoras sexuales, la feminización del VIH, la feminización de la pobreza, el racismo, la xenofobia, y toda forma de discriminación, así como el hostigamiento y el ataque a las defensoras de derechos humanos, son algunas de las situaciones que continúan violentando nuestra condición de ciudadanas.

 

Los recursos para las mujeres, nuestras organizaciones en los países llamados “en desarrollo” cada vez son más escasos y condicionados a los intereses de las agencias de cooperación, organismos multilaterales y agendas de los financiadores. Esto nos debilita y nos aleja de poder cumplir con nuestro cometido que es promover, defender y ejercer plenamente los derechos humanos, así como fortalecer la capacidad de exigibilidad ciudadana.

 

Tenemos derecho al acceso universal a la educación, incluyendo la educación integral para la sexualidad. Tenemos derecho a servicios integrales de salud, que contemplen todos nuestros requerimientos incluidos los de salud sexual y reproductiva en todas de las etapas de la vida. Tenemos derecho a un trabajo digno, remunerado en igualdad y con seguridad social. Tenemos derecho a una vida libre de violencia y discriminación. Tenemos derecho a la propiedad,  a la tierra así como a defenderla ante cualquier intento de expropiación. A participar en los cargos de poder y de decisión. Tenemos derecho a la sexualidad libre, sin imposición, coacción y violencia y a ejercer el placer cuando, como y con quien lo queramos. Tenemos derecho a una vida de calidad, a la libertad y a la autonomía sin importar si somos niñas, adolescentes, jóvenes o viejas; mujeres indígenas, afrodescendientes, africanas, pobres,  con discapacidad, casadas, solteras, viudas, con o sin hijos e hijas, creyentes en alguna religión o ateas, lesbianas, trans, bisexuales o heterosexuales, viviendo en nuestro país o en cualquier lugar del mundo.

 

Por lo tanto exigimos a todos los poderes del Estado y a todos los gobiernos:

1)    El fortalecimiento de las democracias, el combate a la corrupción  y Estado Laico, garantizando un ambiente propicio para nuestra participación plena en todas las esferas del poder.

2)     La redistribución de la riqueza y la igualdad de acceso a los beneficios del desarrollo sustentable asegurando la autonomía económica de las mujeres

3)    La soberanía alimentaria y el uso racional y sustentable de los recursos naturales, con la participación de los pueblos indígenas,  de las poblaciones rurales y urbanas con especial garantía de la participación de las mujeres en todas las políticas económicas y de desarrollo.

4)    El respeto y las condiciones para ejercer nuestra autonomía económica, política, sexual,  reproductiva y cultural que nos permita la movilidad sin agresiones ni violencias tanto en el espacio público como al interior de nuestras familias y comunidades. No más violencia contra las mujeres.

5)    Asegurar la paz, la justicia social y de género a través del cumplimiento de los compromisos asumidos ante los sistemas de derechos humanos con la creación de mecanismos que aseguren la no injerencia de grupos fundamentalistas religiosos ni conservadores. Así como que los Estados dejen de subvencionar  a las iglesias, y asignen esos recursos a la salud de las mujeres.

6)    Una visión amplia, integral e interseccional en las políticas de salud y de educación en donde se reconozca la identidad y condición de las niñas, adolescentes, jóvenes, de las mujeres lesbianas, trans, afrodescendientes, indígenas, migrantes, pobres, así como la atención a los requerimentos de una amplia diversidad de mujeres a lo largo de todas las etapas de la vida, incluyendo la atención de la salud mental y emocional.

7)    Erradicar la muerte de mujeres por embarazo, parto, puerperio y aborto (mortalidad materna) asegurando normativas y servicios que aseguren una atención humanizada, de calidad y respetuosa de nuestros derechos. Es un imperativo ético de todas las Naciones asegurar el acceso universal a toda la gama de métodos anticonceptivos seguros y confiables y la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo así como la asistencia a la fertilización asistida y al parto humanizado.

8)    Sistemas integrales de cuidado y de bienestar social para todas las mujeres y sus familias.

9)    Exigimos políticas que atiendan  la salud nutricional y los problemas como la anorexia, la bulimia y otros trastornos alimenticios, que son provocados fundamentalmente por los patrones de belleza generados por el sistema capitalista.

10)Generación de estadísticas confiables y acceso a la información de manera que permita el monitoreo y evaluación de las políticas frente a los compromisos asumidos por los Estados, lo que exige contar con datos desagregados por sexo, género, edad, etnia/raza, nivel socio-educativo y económico, orientación sexual e identidad de género.

11) Incorporar la dimensión intercultural y la equidad de género en las políticas públicas, planes, programas, en armonía con los conocimientos y prácticas de la medicina tradicional ancestral y afrodescendiente en cada uno de nuestros países.

Aunque pretendan seguir tutelándonos, dominándonos o imponiéndonos sus creencias y sus políticas opresoras, sepan que aquí estamos no sólo para resistir sino para seguir bregando y articulando todos nuestros esfuerzos hasta alcanzar la sociedad pacífica, igualitaria, justa, solidaria, libre y respetuosa de los Derechos Humanos, que queremos. Para todas las mujeres, para todos los pueblos y por la conservación del planeta que habitamos. En este 12avo Encuentro Internacional de la Salud de las Mujeres hemos reafirmado nuestro compromiso con esta lucha y seguiremos trabajando por ella.

 

 

República Dominicana, octubre de 2015.

 

 

 

C/ José Gabriel Garcia #501 Esq. Calle Cambronal Ciudad Nueva, DN, República Dominicana, 89113
(809)527-0145