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El año 2015 ha sido tan catastrófico con respecto a la salud de las mujeres dominicanas como lo ha sido en materia de institucionalidad democrática y de corrupción política, como bien demuestran los altísimos índices de mortalidad materna, violencia de género, feminicidios, embarazo adolescente y demás indicadores, que nos siguen situando entre los peores puestos de la región. 

A pesar de los ocasionales alegatos para convencernos de que las cosas están mejorando, la realidad es que las 181 muertes maternas reportadas esta semana –y que no incluyen el inevitable subregistro que aparece después- no representan un avance con relación a las 184 del año anterior. Tampoco convence la pírrica reducción en el número de feminicidios íntimos, que de acuerdo a la Procuraduría alcanzaban la cifra de 61 para finales de septiembre de este año, contra 66 en igual período del año pasado (cifras de las que, en todo caso, se sospecha un importante subregistro).

 

Considerando el pésimo desempeño de nuestro sistema sanitario frente a las epidemias de dengue y chikungunya de los últimos años, la inminente llegada al país del virus del Zika representa una amenaza de primera magnitud que, como veremos, afectará de manera especial a las mujeres. Recordemos que a RD le cabe la vergüenza de tener la tasa de mortalidad por dengue más alta del hemisferio y que, según el recuento oficial, el número de casos de esta enfermedad registrados en el 2015 casi triplicó los del año anterior. La velocidad e intensidad con que la epidemia de la chikungunya arrasó el país en el 2014 es otro pésimo precedente, visto que las tres enfermedades son transmitidas por el mismo vector y prosperan en las mismas condiciones de insalubridad.

 

¿Por qué el Zika representa una amenaza particular para las mujeres? Porque la experiencia brasileña está demostrando el alto riesgo de sufrir microcefalia que enfrentan los bebés cuyas madres padecieron la enfermedad durante el primer trimestre del embarazo. La microcefalia afecta el desarrollo cerebral del feto de diversas formas, dando como resultado deficiencias cognitivas y otros retrasos en el desarrollo posterior de estos niños, que requerirán atenciones especiales durante toda su vida. Tras unos meses de la epidemia de Zika, el número de casos diagnosticados de microcefalia en Brasil saltó de 147 el año pasado a 2,782 este año.

 

¿Cuáles serán las opciones de las embarazadas dominicanas eventualmente afectadas por el Zika frente a la posibilidad de dar a luz un bebé severamente discapacitado? En primer lugar, aquellas que así lo deseen no tendrían la posibilidad de interrumpir su embarazo, vista la prohibición absoluta del aborto en la RD. La interrupción no sería posible ni siquiera de estar vigente la despenalización por causales que cursó en el Congreso el año pasado, visto que ésta sólo contemplaba la despenalización cuando el feto era incapaz de sobrevivir fuera del útero, lo cual no es el caso con la microcefalia.

 

En países atrasados como el nuestro, donde políticos cobardes y obispos misóginos obligan a las mujeres a llevar a término embarazos indeseados sin importar sus deseos o sus circunstancias, la situación de las embarazadas afectadas de Zika es realmente desesperada: no se les permite interrumpir el embarazo, so pena de cárcel, pero tampoco cuentan con apoyo del Estado o de las iglesias para  aquellos hijos que nacen con discapacidad y que requerirán atenciones especiales el resto de sus vidas. Más allá de uno que otro “casos vitrina”, de esos que les resultan tan útiles a los grupos anti-derechos en sus campañas propagandísticas y de recaudación de fondos, es bien sabido que los grandes defensores de “La Vida” pierden el interés tan pronto ésta sale del útero. Todo lo anterior aplica por igual a las mujeres que por convicciones religiosas o de otra índole opten por llevar a término sus embarazos, aún a sabiendas de que se exponen a tener un hijo severamente discapacitado. No hay límites al cinismo de los grupos que instrumentalizan a los fetos con discapacidad con discursitos sobre el valor intrínseco de la vida humana, para luego de nacidos desentenderse de ellos.

 

Las mujeres dominicanas empezaremos el 2016 con un Código Penal cuyos artículos sobre el aborto datan del siglo XIX, padeciendo los abusos y la indiferencia de autoridades que dan la espalda a sus responsabilidades frente a la ciudadanía.  Por eso no acaban de aprobar la Ley Orgánica Integral de Violencia Contra las Mujeres ni la Ley por los Derechos Sexuales y los Derechos Reproductivos; por eso no financian ni implementan políticas efectivas para hacer frente a la violencia que sufren cientos de miles de mujeres dominicanas; por eso no sancionan a los médicos y funcionarios hospitalarios cuya negligencia cuesta la vida a cientos de embarazadas cada año. Ante este panorama, las  palabras no alcanzan para lamentar lo que les espera a las embarazadas que enfermen de Zika en nuestro país.

 

Al pasar balance sobre el estado de salud de las mujeres dominicanas en el año que concluye llama la atención lo poco que ha variado su situación en comparación con años anteriores, aún siendo éste un año pre-electoral cuando, por tradición, los políticos hacen al menos alguno que otro gesto demagógico a favor de las mujeres. El hecho de que, a pocos meses de las elecciones, no encontremos ni siquiera esto, es una muestra elocuente de lo poco que importan las mujeres a los sectores de poder. Hemos llegado al punto en que ya ni se molestan en mentirnos.

 

 

Colectiva Mujer y Salud

Diciembre 31, 2015

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