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En el país de lo insólito, ya nada debiera sorprendernos, por irracional que parezca. Pero, ¿quién iba a decir que el Presidente del Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica (CODUE), Fidel Lorenzo, iba a declararse seguidor de Vincho Castillo y sus tres hijos, y que de paso iba a comprometer a sus miles de feligreses con la agenda político-electoral de la Fuerza Nacional Progresista?

 

En efecto, la decisión de usar los púlpitos para denunciar por su nombre a todos los candidatos a cargos electivos que, según ellos, son "pro aborto, pro gay y en contra de la soberanía", coloca al CODUE en la posición de frente de masas de la FNP, que lleva esas tres demandas como eje central de su oferta electoral. Cosa más sorprendente todavía porque, para no pecar de hipócritas, la denuncia del CODUE tendrá que incluir al propio Presidente Medina, cuya observación de la primera versión del Código Penal aprobada por el Congreso no deja dudas sobre sus simpatías con la despenalización del aborto por causales.

 

Parece que el Sr. Lorenzo ha olvidado que ya ese drama de intimidación fue puesto en escena por la Iglesia católica en las elecciones del 2010, cuando llamó a votar en contra de los 32 diputados y diputadas que se pronunciaron en contra del artículo 30, y la población no le hizo el menor caso. Si le creemos al Sr. Lorenzo, el CODUE está actualmente coordinando con la Iglesia católica su boicot de aquellos políticos tan, pero tan degenerados que son capaces de apoyar demandas tan, pero tan escandalosas como el derecho de las mujeres al aborto terapéutico, la igualdad de derechos de todos los dominicanos, independientemente de su orientación sexual, y el derecho a la nacionalidad de los hijos y nietos de migrantes nacidos y criados en el país.

 

Habrá que ver si, después del rechazo del electorado al chantaje del 2010, la Iglesia católica se anima a secundar la estrategia del CODUE y se arriesga a sufrir otra humillación en la urnas –y peor todavía, se arriesga a caer en desgracia con el Poder Político y perder algunos de sus muchos privilegios políticos y económicos -lo que, según algunos cínicos, sería para la Iglesia peor desgracia que todos los abortos y los haitianos del mundo. En este sentido habría que preguntarse si la iniciativa del Sr. Lorenzo no persigue “sensibilizar” un poco a las autoridades sobre las posibles consecuencias político-electorales de ignorar la ambición evangélica de acceder al envidiable festín de los fondos públicos del que, sin transparencia ni rendición alguna de cuentas, disfruta desde hace décadas la Iglesia católica, sobre todo ahora que consiguieron la boronita del financiamiento completo de sus colegios privados, para lo cual luchamos tan denodadamente los ciudadanos que echamos el pleito a favor del 4%.

 

Algo sustancioso debe buscar el Sr. Lorenzo en esta época de festines pre-electorales con los cuartos del pueblo, porque de lo contrario no se entiende el orden de prioridades del CODUE. Uno pensaría, por ejemplo, que la desigualdad, la pobreza y la corrupción tomarían precedencia sobre el aborto terapéutico y el derecho a amar a quien elija tu corazón. Vanamente imaginaría uno que la podredumbre de la justicia, el endeudamiento galopante, el dengue y la zica tendrían precedencia sobre el derecho de la mujer violada a terminar un embarazo indeseado o el derecho del nieto de haitianos a que le reconozcan la nacionalidad.

 

Pensaría uno también que gente tan inteligente, tan ilustrada y de tan fina sensibilidad como Vinicito, para poner un ejemplo, junto a su nuevo discípulo el Sr. Lorenzo, entenderían lo peligroso que resulta azuzar los prejuicios más bajos y vulgares contra los migrantes, los gays y las mujeres, tres grupos que ya sufren niveles inaceptables de desigualdad, discriminación y violencia en la sociedad dominicana. ¿Habrán considerado estos preclaros moralistas del siglo XXI el extraordinario parecido de su postura con la de los extremistas musulmanes del presente, para no decir con los extremistas religiosos de todas las épocas? Por si acaso, aquí va un recordatorio: es invariablemente la ultraderecha la que instrumentaliza la religión en aras del poder político de sus dirigentes, la que promueve el odio religioso contra grupos sociales vulnerables para lograr objetivos políticos mezquinos, la que engaña al pueblo con la moralina barata que promueve el fanatismo y la intolerancia.

 

En el país de las maravillas siempre hay terreno fértil para los oportunistas de cualquier calaña -y cualquier religión- que quieran pescar en ríos pre-electorales revueltos, incitando al odio contra los discriminados en vez de enfrentar de manera vertical a los sinvergüenzas que hacen festín del presupuesto nacional y destruyen el tejido social del país para seguir parasitando de los fondos públicos. Porque, a fin de cuentas, la culpa de los principales problemas nacionales no la tienen los partidos, las iglesias, las altas cortes y demás sectores de poder, sino las violadas embarazadas, los descendientes de haitianos y los gays. ¿Verdad?

 

Colectiva Mujer y Salud

18 de enero del 2016

 

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